No sabes nada de los costeños

Ajá, mi vale, ¿cuál es la vaina con los costeños?



Nos la tienen bien montá: Que acá se come burra, que nos vestimos con colores chillones, que somos bulleros, que pasamos chiflando, que todo es fiesta, que nos comemos la r (y cualquier otra letra del abecedario), que golpeamos las palabras, que preguntamos todo, que somos lisos, que pasamos mamando gallo y, de ñapa, flojos.

Y, bueno, comer burra no es un asunto exclusivo de la Costa; los colores brillantes son sensacionales; hacemos escándalo cuando nos sentimos alegres (la mayor parte del tiempo); sí le ponemos acento a lo que no lleva -y suena encantador-; somos super cálidos y confianzudos; y nos encanta tomarnos la vida a la ligera.

Eche, pero ¿flojos? El otro día vi a un par de señores arreglando lo que parecía un daño dentro de una alcantarilla. Lo insólito eran las carcajadas de los tipos en medio de tanta hediondez. ¿Quién tiene buen humor en medio de la mierda? El costeño.

Según el periodista cartagenero Juan Carlos Guardela, se trata de un estereotipo que se entronizó en la vida cultural del país hace un tiempo. A pesar de que los costeños se han destacado (en deportes, en farándula, en la industria, en las artes, etc.) ese estereotipo continúa en conversaciones informales y a manera de burla.

“Como oriundo de la Costa que habita Bogotá, he sentido el agravio cuando un cachaco me pregunta (impostando la voz del Caribe, claro): 'Ajá, y qué, ¿cómo es esa vaina de los hombres que se comen a las burras en la costa?', como si desconociera que en la vida rural Andina existe también el fenómeno de la zoofilia”.

Está seguro de que una mano siniestra ha puesto al hombre del Caribe en situaciones antagónicas y por ello surge esa especie de desquite cultural entre las regiones.

“Es posible que las descalificaciones sean estragos de la Inquisición, como dijo Paco de Zubiría, citado por Sánchez Juliao, y que consiste en la capacidad de la gente para castigar con el verbo a la otra gente. Pero estoy por creer que dicho estereotipo surgió realmente de las castas sociales altas del Caribe colombiano, como un imperativo para diferenciarse de las clases populares en las ciudades que durante siglos estuvieron permeadas por razas distintas, por el 'habla sucia' y por la estridencia”.

Afirma que las clases altas de la costa Caribe están hermanadas con las clases altas de los Andes, y que el discurso despectivo surge de allá.

“No es de extrañar que la región mayormente marginada del país sea el Caribe mismo, y es una trama injusta confeccionada a la perfección”.

Sobre la pregunta, ¿por qué nos reducen a escandalosos y bulleros? Guardela asegura que ser escandalosos viene de nuestra naturaleza Caribe, pero como la cultura impuesta es la del sigilo y del buen decir se piensa que la estridencia en los llamados y la algarabía del goce en las conversaciones, sean sinónimos de vulgaridad. No obstante –agrega– es una de las mayores riquezas de los nacidos frente al mar. De allí emerge el portento de nuestras capacidades narrativas tan elogiadas en los escritores costeños.

“La algarabía, creo, es un acto de subversión de los seres ante lo aburrido. Subversión, porque rompe con la formalidad de las cosas con el humor”.

“En la costa Caribe no tomamos las cosas en serio. Eso puede ser una ventaja en cuanto a que no le damos la trascendencia a la vida que le da el sujeto del interior del país, sobre todo, el bogotano y el cundiboyansence. Y eso nos hace más mucho más libre.

Visto en EL UNIVERSAL